Un poco de historia

¡ Ya se cumplieron 50 años !

Nuestra asociación - Pariseko Eskual Etxea - La “Maison Basque de Paris” nació hace más de cincuenta años, en una época en la que numerosos jóvenes vascos acudían a la capital. Estos jóvenes tenían necesidad por un lado de reunirse, manteniendo los lazos con sus raíces, a la vez que necesitaban integrarse en la sociedad parisina y encontrar en ella su lugar. .

En aquella época, Piarres Charritton, con el apoyo del obispado de Bayona, creó la asociación Pariseko Eskualdun Gazteria que representaba, de hecho, una rama de Eskualdun Gaztería: juventud campesina cristiana del País Vasco.
En su origen esta asociación ocupaba, de manera precaria, los locales de la Universidad de la Sorbonne y de la parroquia “Saint-Séverin” para reunirse y organizar actividades.

Frente al éxito de tal iniciativa se hizo urgente encontrar una sede para esta asociación . Fue entonces cuando se decidió adquirir unos locales apropiados. Asi fue como el 18 de octubre de 1955, Louis Domecq, originario de Hasparren, y Jeanne Idiart, joven empleada de la limpieza proveniente de la región de Xiberroa, firmaron el acto de compra de una antigua lavandería ubicada en París 16. La primera Casa Vasca de París acababa de nacer. Las obras necesarias y la adaptación de los locales pudieron realizarse gracias a los donativos recibidos en las parroquias del país, a las donaciones de los vascos de París y de sus amigos, y gracias también al trabajo de todos los voluntarios, bajo la supervisión del arquitecto navarro Iristarri.

Hasta el 11 de diciembre del año 2002, la Casa Vasca de París recibió, en la rue Duban, a miles de vascos oriundos de ambos lados de los Pirineos y del Bidasoa. Allí fue donde durante 50 años, numerosos vascos encontraron su primer alojamiento en París, trabaron amistades y pudieron encontrar el consuelo de un hogar en una ciudad con dimensiones desconcertantes y no siempre muy acogedora.

Hoy en día todavía los vascos, sus descendientes y sus amigos buscan encontrarse, compartir momentos de la vida, expresar su cultura en el seno de la sociedad parisina.
Para seguir creciendo, la Casa Vasca tuvo que encontrar nuevos locales y, al igual que en el pasado, volvió a necesitar la ayuda de todos: instituciones e individuos en París y en el País Vasco. En Saint-Ouen los jóvenes siguen acudiendo desde el País Vasco para llevar a cabo sus estudios o su trabajo, y siguen necesitando apoyo tanto moral como material, así como reunirse con personas con las cuales compartir sus experiencias.

Quizás hoy más que ayer Pariseko Eskual Etxea ocupa su lugar en el paisaje parisino: con su puerta abierta a todos los vascos y a sus amigos siempre que lo necesiten, es el puente de unión indispensable entre el País Vasco y París.